¿El estrés sube el azúcar en sangre?
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Misma comida, mismo medicamento, misma hora y, aun así, una medición más alta de lo esperado: el estrés es una de las causas reales de ese resultado. El azúcar no llega de fuera, el cuerpo lo suelta de su propio depósito. Las hormonas del estrés aceleran esa salida y dificultan que el músculo tome azúcar.
Bajo estrés entran en juego a la vez varias hormonas que suben el azúcar. La adrenalina actúa en segundos, deshace el depósito del hígado y vierte a la sangre el azúcar ya listo. El cortisol arranca más despacio, dura más y su tarea principal es otra: empuja al hígado a fabricar azúcar nuevo y además refuerza a la adrenalina y al glucagón. Ambos dificultan que el músculo y el tejido graso tomen azúcar, así que queda más azúcar en sangre. El cortisol también interviene en la secreción de insulina: a corto plazo la aumenta; si se prolonga, la frena.
Este mecanismo no es una avería, sino un diseño. Ante una amenaza los músculos necesitan combustible rápido, y el cuerpo lo prepara de antemano. El problema: el mecanismo no distingue el tipo de amenaza. Un peligro físico del que huir y la tensión de una reunión cuyo resultado se espera montan en el cuerpo la misma cadena hormonal y arrancan la misma preparación de combustible. Una respuesta sólida de insulina absorbe ese empuje y la subida queda limitada; si la respuesta es insuficiente, el mismo empuje queda al desnudo en la medición. Que el estrés agudo altera las mediciones está bien documentado. Con el estrés prolongado el cuadro es más borroso: allí el efecto avanza indirectamente, más por el sueño, el apetito y el patrón de movimiento que por la vía hormonal directa.
El estrés no es solo emocional. Una infección con fiebre, un hueso roto, una operación, un dolor que no cede, una quemadura grave; todos pasan por la misma vía hormonal. Por eso en cuidados intensivos la subida del azúcar es un cuadro conocido incluso en personas sin diabetes. A mayor carga física, más marcada es la subida. En los días de enfermedad sorprende justo eso: el apetito se cierra, el plato queda a medias, el número sube igual. Porque la enfermedad sigue haciendo trabajar al hígado aunque no llegue comida.
Por eso es difícil juzgar por una sola medición, porque el número no puede leerse al margen de la carga de ese día. El valor que sube en una tensión repentina retrocede por sí solo al pasar el desencadenante, y el azúcar que sube en la enfermedad la mayoría de las veces vuelve a su curso anterior con la mejoría. Que la subida tenga nombre la saca de ser un fallo aleatorio.
Fuentes
- Kaur J, Gandhi J, Sharma S. Physiology, Cortisol. StatPearls. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2025.
- Kuo T, McQueen A, Chen TC, Wang JC. Regulation of glucose homeostasis by glucocorticoids. Adv Exp Med Biol. 2015;872:99-126.
- Marcovecchio ML, Chiarelli F. The effects of acute and chronic stress on diabetes control. Sci Signal. 2012;5(247):pt10.
- Dungan KM, Braithwaite SS, Preiser JC. Stress hyperglycaemia. Lancet. 2009;373(9677):1798-1807.