El día a día
Sueño, estrés y ánimo
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¿Dormir poco sube el azúcar en sangre?Sí, y no hace falta tener diabetes: en voluntarios sanos con el sueño recortado una semana, la sensibilidad a la insulina bajó de forma medible. El efecto tampoco llega por un solo canal. Se juntan respuesta a la insulina, hormonas del apetito y continuidad del sueño; las tres pesan al día siguiente. · 2 minSeguir leyendo
En voluntarios sanos con el sueño reducido a cinco horas una semana, la sensibilidad a la insulina bajó, y eso que su alimentación no cambió nada. Lo único que cambió fue el sueño. Ningún participante tenía diabetes; la bajada no era cosa de un metabolismo alterado. Cualquier cuerpo que no duerma lo suficiente empieza a responder peor a la insulina en pocos días.
Dormir poco invierte en dos noches las dos hormonas del apetito: la leptina, señal de saciedad, baja; la grelina, señal de hambre, sube. Al día siguiente el apetito tampoco apunta a cualquier sitio; destacan los alimentos densos en calorías, con mucho azúcar y almidón. En un día de cansancio, el hueco entre dos comidas se llena por sí solo de picoteo: la huella más visible de ese cambio.
Los datos a largo plazo apuntan en la misma dirección. Una revisión de estudios que siguieron a más de cien mil personas encontró mayor frecuencia de diabetes tipo 2 entre quienes duermen poco; entre quienes duermen mucho la frecuencia también subía. En quienes tenían dificultad para dormirse o mantener el sueño, el cuadro era parecido. Tanto como la duración, cuenta la continuidad del sueño.
En una persona con diabetes este efecto se ve también en la medición diaria. Pero la flecha no apunta en un solo sentido. Una noche a trozos puede ser, en sí misma, el rastro de una bajada de azúcar de esa noche. Despertarse sudando, una pesadilla, levantarse cansado: en quien usa insulina o una pastilla que aumenta la secreción, esa posibilidad es corriente. El artículo sobre las bajadas de azúcar nocturnas reúne las señales distintivas. Hay otro fenómeno aparte: de madrugada las hormonas empujan el azúcar hacia arriba, y lo trata el artículo sobre el azúcar terco de la mañana.
La salud del sueño ya se cuenta entre los temas centrales del cuidado de la diabetes; también los horarios y los trastornos del sueño entraron en lo que se revisa. El más frecuente es la respiración que se corta mientras duermes. Su perfil es reconocible: ronquidos fuertes, pausas al respirar que nota quien duerme al lado, sueño todo el día pese a pasar horas suficientes en la cama. Cuando las tres señales van juntas, contar las horas en la cama rinde menos, porque el sueño se interrumpe una y otra vez dentro de ellas.
¿El estrés sube el azúcar en sangre?Misma comida, mismo medicamento, misma hora y, aun así, una medición más alta de lo esperado: el estrés es una de las causas reales de ese resultado. El azúcar no llega de fuera, el cuerpo lo suelta de su propio depósito. Las hormonas del estrés aceleran esa salida y dificultan que el músculo tome azúcar. · 2 minSeguir leyendo
Bajo estrés entran en juego a la vez varias hormonas que suben el azúcar. La adrenalina actúa en segundos, deshace el depósito del hígado y vierte a la sangre el azúcar ya listo. El cortisol arranca más despacio, dura más y su tarea principal es otra: empuja al hígado a fabricar azúcar nuevo y además refuerza a la adrenalina y al glucagón. Ambos dificultan que el músculo y el tejido graso tomen azúcar, así que queda más azúcar en sangre. El cortisol también interviene en la secreción de insulina: a corto plazo la aumenta; si se prolonga, la frena.
Este mecanismo no es una avería, sino un diseño. Ante una amenaza los músculos necesitan combustible rápido, y el cuerpo lo prepara de antemano. El problema: el mecanismo no distingue el tipo de amenaza. Un peligro físico del que huir y la tensión de una reunión cuyo resultado se espera montan en el cuerpo la misma cadena hormonal y arrancan la misma preparación de combustible. Una respuesta sólida de insulina absorbe ese empuje y la subida queda limitada; si la respuesta es insuficiente, el mismo empuje queda al desnudo en la medición. Que el estrés agudo altera las mediciones está bien documentado. Con el estrés prolongado el cuadro es más borroso: allí el efecto avanza indirectamente, más por el sueño, el apetito y el patrón de movimiento que por la vía hormonal directa.
El estrés no es solo emocional. Una infección con fiebre, un hueso roto, una operación, un dolor que no cede, una quemadura grave; todos pasan por la misma vía hormonal. Por eso en cuidados intensivos la subida del azúcar es un cuadro conocido incluso en personas sin diabetes. A mayor carga física, más marcada es la subida. En los días de enfermedad sorprende justo eso: el apetito se cierra, el plato queda a medias, el número sube igual. Porque la enfermedad sigue haciendo trabajar al hígado aunque no llegue comida.
Por eso es difícil juzgar por una sola medición, porque el número no puede leerse al margen de la carga de ese día. El valor que sube en una tensión repentina retrocede por sí solo al pasar el desencadenante, y el azúcar que sube en la enfermedad la mayoría de las veces vuelve a su curso anterior con la mejoría. Que la subida tenga nombre la saca de ser un fallo aleatorio.
Este texto es solo informativo; no es un diagnóstico, ni un tratamiento, ni una recomendación de dosis. Las decisiones sobre tu tratamiento tómalas siempre con tu médico.