ForMyGluco
BlogGlosario← Volver al inicio

Nervios, heridas y pies

¿Por qué los pies importan tanto?

· 3 min

Calcetín de lana hecho a mano sobre un suelo de madera cálida: cuerpo gris, talón y puntera en rosa palo; al lado, las agujas y el ovillo.

Los pies son un capítulo aparte en la diabetes no por la distancia, sino porque la alarma del dolor se apaga. El dolor es un sistema de aviso; cuando se embota, una herida pequeña crece sin avisar. Si se suman la pérdida de sensibilidad, la menor circulación y la propensión a la infección, el cuadro empeora.

El dolor parece un mal huésped, pero su trabajo real es proteger. Es lo que retira el pie al pisar una superficie caliente. En la diabetes, si esa sensibilidad se embota, la retirada también se retrasa. El cuerpo recibe el daño, no el aviso. Las guías lo llaman pérdida de sensibilidad protectora y lo consideran la señal principal del riesgo de herida del pie.

El grueso del daño no viene de un solo accidente. La presión repetida sobre el mismo punto engrosa la piel, se forma un callo y el propio callo actúa como un cuerpo extraño. El tejido de debajo se aplasta: primero un sangrado silencioso dentro, luego una herida abierta. Un zapato estrecho monta esa cadena en semanas.

  • El borde de un zapato estrecho o nuevo: cuando baja la sensibilidad, no notas que aprieta.
  • Una piedrecita que se cuela dentro o una costura doblada: se queda ahí todo el día.
  • Andar descalzo: dentro de casa y fuera el riesgo es el mismo.
  • El pie en agua caliente o cerca de una estufa: la piel se quema sin que notes el calor.
  • La piel seca y agrietada: la grieta abre una puerta de entrada bajo la piel.

La pérdida de sensibilidad por sí sola no produce heridas. Los estudios muestran que en la mayoría de las heridas coinciden tres cosas: daño nervioso, un cambio de forma del pie y un traumatismo pequeño. Al cambiar la forma del pie, la presión se desplaza a puntos poco habituales para la planta; el artículo sobre la neuropatía cuenta el lado nervioso que crea ese cambio. Un pie que lleva años calzando el mismo número ya no es el mismo pie.

En una herida abierta entran dos factores más: el estrechamiento de los vasos de la pierna y la infección. Por qué retrasan la curación lo trata el artículo sobre las heridas. La carga en sí es otro factor: el peso del cuerpo cae en el mismo sitio a cada paso, y por eso las guías insisten en descargar el pie. Aquí el aviso tampoco viene del dolor; el empeoramiento lo muestra la piel que rodea la herida. Cómo es ese cambio y por qué no espera a la siguiente cita lo cuenta el mismo artículo. Al sumarse estos factores en un mismo pie, el cuadro se llama pie diabético.

El primer eslabón de toda la cadena es un cambio pequeño que no se siente. Si la sensibilidad no avisa, tiene que avisar la vista. Por eso las guías insisten en la educación del pie: un ojo que mira el pie cada día sustituye la alarma callada. No solo se mira la planta; también entran los espacios entre los dedos, el talón y los bordes de las uñas. Para quien no puede verse el pie, un espejo o alguien cercano hacen el mismo trabajo.

Lo que las guías llaman cambio previo a la herida se ve a simple vista: un callo que se engrosa, una mancha que se oscurece bajo el callo, una ampolla, una grieta profunda. También pertenecen al mismo grupo el enrojecimiento del borde de la uña y la diferencia de color o hinchazón entre los dos pies. Todavía no son heridas abiertas, sino el aviso de una. Un cambio visto con la piel intacta no es lo mismo que otro con la piel ya abierta.

Por eso la exploración del pie es un punto fijo del seguimiento de la diabetes. La exploración en sí no es tema de este artículo; en resumen, se miran piel, pulso y sensibilidad protectora. La distancia que caminas por la calle, las horas descalzo en casa y unos minutos tras el baño: ahí el cuadro se traduce a la vida diaria.

Fuentes

  1. Schaper NC, van Netten JJ, Apelqvist J, et al. Practical guidelines on the prevention and management of diabetes-related foot disease (IWGDF 2023 update). Diabetes Metab Res Rev. 2024;40(3):e3657. doi:10.1002/dmrr.3657
  2. Bus SA, Sacco ICN, Monteiro-Soares M, et al. Guidelines on the prevention of foot ulcers in persons with diabetes (IWGDF 2023 update). Diabetes Metab Res Rev. 2024;40(3):e3651. doi:10.1002/dmrr.3651
  3. Reiber GE, Vileikyte L, Boyko EJ, et al. Causal pathways for incident lower-extremity ulcers in patients with diabetes from two settings. Diabetes Care. 1999;22(1):157–162. doi:10.2337/diacare.22.1.157
  4. Boulton AJM, Whitehouse RW. The Diabetic Foot. [Updated 2023 Tem 28]. In: Feingold KR, Adler RA, Ahmed SF, et al., editors. Endotext [Internet]. South Dartmouth (MA): MDText.com, Inc.; 2000–. Bookshelf ID: NBK409609.
  5. American Diabetes Association Professional Practice Committee. 12. Retinopathy, Neuropathy, and Foot Care: Standards of Care in Diabetes—2026. Diabetes Care. 2026;49(Suppl 1):S261–S276. doi:10.2337/dc26-S012
  6. Türkiye Endokrinoloji ve Metabolizma Derneği (TEMD). Diabetes Mellitus ve Komplikasyonlarının Tanı, Tedavi ve İzlem Kılavuzu-2026. 17. Baskı. TEMD; 2026. ISBN 978-625-99759-8-6

Este texto es solo informativo; no es un diagnóstico, ni un tratamiento, ni una recomendación de dosis. Las decisiones sobre tu tratamiento tómalas siempre con tu médico.

Empieza a llevar tu propio registro

ForMyGluco guarda tus mediciones, tus medicamentos y tus citas en un mismo sitio, y prepara con un solo toque un informe PDF que puedes llevar a tu médico.

Ver en el App Store →

Todo el blog